Los médicos las llaman enfermedades catastróficas. Creo que han sido acertados en la definición. 
Y ellos la describen así desde la óptica científica. Pero cuando se trata de describir esto desde el punto de vista de una mamá es otro cuento.
Tal vez si la contara Lucas, alguna vez, si se acuerda, (y espero que no), la relataría de otra manera, desde el sillón de los sobrevivientes.Yo solo voy a contarles sobre el  dolor del alma, las dudas, la fe, y sobre el miedo que nunca se acaba, después de haber escuchado la frase destroza padres: “su hijo tiene cáncer"
No tengo fórmulas ni oraciones rápidas.
Esta es una historia real para gente común que sufre. Porque para la gente común Dios también tiene milagros. Pero si me animé a escribir no fue para que ustedes se angustien conmigo, sino para contagiar esperanza porque hoy mientras escribo, ya estoy muy lejos de todo lo que viví.Mientras yo tecleo, escucho la risa de Lucas. Porque ya no duermo en un hospital, y toda la lucha y tal vez algunas pérdidas, valieron la pena.
Si estás pasando por algo parecido quiero decirte que cada pinchazo vale, cada oración, cada internación, cada esfuerzo. Aun si la sanidad completa no llegara, cada día que seguimos luchando es uno más, y por el que debiéramos estar agradecidos.
Esta maldita enfermedad no respeta edad, cultura, religión, economía, sexo, ni nada. Todos estamos expuestos.
Sin duda, el haber estado tan cerca de lo irremediable cambia la manera de vivir y de sentir.
Espero puedan retener y hacer parte de sus vidas algo de lo que les voy a compartir, porque el Gran Protagonista de mi historia, si bien lo parece, no es mi nene.
A través de cada experiencia vivida conocí mejor y de una manera especial, a Aquel de quien, si se tuvieran que escribir todos sus prodigios, no entrarían en todos los textos del mundo.

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