Vivir!!


Una tarde, mi esposo vio a un médico sentado junto a Lucas, parecía estar dormido junto a su cama. No puedo olvidar su nombre, Dr. Rodrigo Quevedo.
Pero el Dr. Rodrigo ese día no estaba durmiendo. Entre sus manos tenía un rosario. Tocando las cuentas entre sus manos, levantaba sus rezos a favor de mi hijo. No sólo hacía su trabajo, no sólo lo que aprendió en la facultad, él estaba utilizando todos los recursos que tenía para salvar a un niño.
No sé donde estarás hoy Dr. Rodrigo, pero tus oraciones llegaron al cielo. ¡Gracias!
Cuantos niños internados necesitan un jueguito. Muchos no pueden moverse, las vías en las manos y brazos le impiden escribir dibujar o levantarse, un jueguito electrónico les ayuda a pasar las largas horas. Días. Meses. Esperando liberarse de los tubos y volver a correr por un patio.
A Lucas le regalaron un jueguito electrónico de esos de mano. Mis alumnos, se despegaron de sus apreciados juguetes, para que Lucas no se aburra. A él le gusta Mario Bross. Y removieron cielo y tierra, pequeños héroes, hasta conseguir el casett de Mario para él.
Antes de que llegaran los jueguitos, doctores como Rodrigo les prestaban sus celulares. Cuando se cansaba del jueguito del mío.
Cuando salió de alta, su tío Gustavo, le regaló un Play Station, para jugar en casa. Qué feliz me puso. A casi todas las mamás nos molesta que nuestros hijos estén horas en la play, pero para mi la play era una bendición, mantenía a Lucas quieto, lejos de lastimaduras o golpes peligrosos. El tío Gustavo, también le regaló un montón de cosas más, para que no nos falten en el hospital. Y por meses compró la costosa leche que toma Lucas. Nadie le mencionó nunca que Lucas necesitaba esa leche. El había perdido a su padre en la misma condición, y conocía las necesidades de la gente que hace quimioterapia. Sólo llegaba a casa cada semana con dos latas, de la importantísima leche. ¡Gracias Gustavo!
Un día la abuela de Lucas se quedó con él en el hospital. De repente se escucharon gritos y llantos de gente grande. No eran niños los que lloraban. Entonces mi suegra dijo-’’ ¿qué es eso?''- A lo que Lucas respondió sin levantar la mirada del jueguito: ''seguramente alguien murió, acá todos los días alguien se muere''-…
Hoy estoy tremendamente agradecida porque lo tengo acá corriendo y haciendo lío detrás de mí. A veces suelo decaer por problemas menores, económicos o de la vida en general. Pero recordar que hace un año lo único que yo anhelaba no se podía comprar ni con todo el oro del mundo, me hace recapacitar. Cuán feliz soy. Tengo vida. Esa vida sobre la que nosotros no tenemos ingerencia alguna. Ese futuro que no tenemos comprado. No porque estemos sanos hoy, sabemos que tendremos vida mañana. Por eso vivo agradecida. Y creo que no hay problema más grave que creer que ya no hay solución. Quien tiene fe en Dios, tiene la solución. Quien tiene vida, tiene la obligación de seguir luchando por ella.

Salmos 116


Ya puedo dormir tranquilo

1 Yo amo a mi Dios porque él escucha mis ruegos.
2 Toda mi vida oraré a él porque me escucha.
3 La muerte me tenía atrapado; me dominaba el miedo de morir. ¡Sentí una angustia terrible!
4 Entonces le rogué a Dios que me salvara la vida.
5 Mi Dios es justo y compasivo; es un Dios tierno y cariñoso
6 que protege a los indefensos.Yo no tenía quien me defendiera, y él vino en mi ayuda.
7 Dios mío, tú has sido bueno conmigo; ya puedo dormir tranquilo.
8 Me libraste de la muerte, me secaste las lágrimas, y no me dejaste caer.
9-10 Mientras tenga yo vida, siempre te obedeceré. Creo en ti, mi Dios, aunque reconozco que estoy muy afligido. 11 Demasiado pronto he dicho que no hay nadie en quien confiar.
12 ¿Cómo podré, mi Dios, pagarte todas tus bondades?
13 Mostrándome agradecido y orando en tu nombre,
14 y cumpliéndote mis promesas en presencia de tu pueblo.
15-16 Dios nuestro, a ti te duele ver morir a la gente que te ama. ¡Líbrame de la muerte, pues estoy a tu servicio!
17 Llevaré hasta tu altar una ofrenda de gratitud, y oraré en tu nombre.

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