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Un sufrimiento es igual a muchos pequeños sufrimientos

Las mujeres hacemos muchas cosas a la vez, y una situación tan grave como esta, sin duda cambia todo lo demás. La enfermedad de Lucas cambió muchas cosas. Me sentía culpable por no tener tiempo para mis nenas, y mucho menos para mi esposo. Todos sabemos que el asunto era ''de vida o muerte'', pero aunque todo esta justificado, cambian las relaciones. Primero creo que uno espera mucho más de los familiares, esposo y otros cercanos, porque piensa erróneamente que ellos tienen que contenernos. Nos olvidamos que ellos luchan también con su perspectiva del asunto y su propio sufrimiento. Los hombres sufren diferente que las mujeres ellos no exteriorizan tanto, no lloran tanto, no hablan. Pero sufren. Y por otro lado el estrés emocional, el miedo a la pérdida, el no saber que pasaría, cuanto tiempo va durar todo esto. Otra cosa que hay que sobrellevar es el pedido de los doctores o más bien la orden, "no demuestres debilidad ni llores frente al enfermo, porque si el te ve destrozada, caerán sus fuerzas para pelear"-
También las interminables listas de consejos. Así como la gente me llenaba de un amor que yo no sabía que tenían por mi hijo, por mi esposo o aun por mi familia. Así también sentí la abrumadora avalancha de fórmulas para salir del problema. Igualito que con Job.
Llegué a escuchar cosas terribles. Desde que busque el ''pecado'' por el cual estaba recibiendo el castigo, hasta dudas sobre mi ''digno manejo del dinero que me daban para ayudarnos''. Es parte del proceso. Como con Job, siempre había alguien dispuesto a acusar.
Yo aprendí mucho. Aprendí que cuando alguien sufre solo necesita un gran abrazo una palabra de fe, un consuelo. Jesús era así. Que lloren con vos. Que aunque no puedan entender el ''porqué'' sin embargo puedan ver en el que sufre una oportunidad para sembrar amor.
Muchos lo hicieron, preocupándose por mis necesidades, hasta en los más pequeños detalles.
Encontré que tenía miles de amigos que me protegían. Y sé que cuando veo a una persona pasar por un gran dolor, lo último que tengo que hacer es preguntar por qué le paso eso. Esa explicación no es necesaria. Lo que sí es necesario es que yo pueda llevar consuelo a esa persona. Un balón de oxigeno espiritual, fe, alegría, una mano, para compensar la que se le ha cortado, llámese tiempo, dinero, o lo que sea. Tampoco me corresponde juzgar lo que hace con lo que le regalo. Un regalo es eso, un regalo. Y si doy mi ofrenda de amor debe ser sin esperar nada a cambio. Yo recibí mucho de todo. De lo bueno y de lo malo. Pero lo recibí con un fin. Ese fin era que aprenda a tratar con los que sufren.
En medio de todos los conflictos emocionales, espirituales, y de toda índole, lo más importante es que una mujer como yo sin ninguna cosa especial, sin características que me hagan diferente, pude seguir adelante de la mano de Dios. Cuando nada de lo que tenía alrededor ya era sostenible, o sea cuando mi mundo ya estaba viniéndose abajo. Allí encontré a Dios, hablándome al oído, dándome su consuelo, su amor, su sostén económico, su fuerza en mi cuerpo. Y, sobre todo, saber que Él sí sabe lo que yo siento.
La Biblia dice:
 Jesús, sacerdote compasivo

 14 Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro gran Sumo Sacerdote que ha entrado en el cielo. Por eso debemos seguir firmes en la fe que profesamos.
15 Pues nuestro Sumo Sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; solo que él jamás pecó.
16Acerquémonos, pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.

Esto dice en el libro de Hebreos capitulo 4.
No necesitamos nada más.

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