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Navidad


Lucas hacía cinco días de quimioterapia, de 8 horas cada sesión. De Lunes a viernes.
Después del sí de los doctores, empezábamos con la colocación de la vía. Esas 8 horas eran eternas.  Lucas preguntaba cada 20 minutos cuando terminábamos.
Gracias a Dios en la sala de Hospital de Día del Gutiérrez, hay televisores con cable, y los chicos pueden ver dibujitos y de alguna manera se distraen, pero cuesta.
Allí compartía mis días con las otras madres que sentadas inmóviles al lado de sus sillones de quimioterapia, ni siquiera podíamos leer o hacer algo para distraernos.
Por alguna razón ninguna madre podía concentrarse en esas actividades de ''peluquería''. Yo pensé que era la única que no podía leer, pero era una constante, ninguna mamá leía, o hacía otra cosa que no fuera estar pendiente de su hijo. -Pásame ese juguete o ese libro o pone más fuerte la tele-, estábamos al absoluto servicio de nuestros chiquitos.
A veces, si tenía crédito en mi celular podía chatear, con quien estuviera en línea. Pero no era ningún aliciente.
Salíamos de la quimioterapia, cansados, y a upa, a veces en colectivo y en los mejores tiempos en taxi, volvíamos a la fundación donde vivíamos.
Eran tiempos de desconcierto, de no saber hasta cuando. Yo la pasaba bastante bien comparado a otras madres, a las que,  las bajas defensas le jugaban sucio. Lucas siempre andaba bien, a pesar de todo, tenia una protección especial, no digo que lo otros estuvieran desprotegidos, pero realmente, Lucas es un privilegiado.
Ya habían pasado dos meses de estar lejos de casa. Y llegaba navidad. Y allí Dios volvería a hacer un gran milagro que me asombraría una vez más.
Mi desesperación era ver a mis nenas, ya llevaba dos meses sin verlas. Pero no había muchas posibilidades. Lucas tenía que hacer quimioterapia  hasta el viernes, el lunes siguiente era 24 de diciembre y el viernes tendría que estar una vez más en el hospital para hacerse controles. Pero mi oración era ver a mis hijas, más que un día, yo sabía que mi esposo tendría vacaciones en enero, 15 días, mi sueño era que ellos pudieran estar con nosotros, ese tiempo. Pero él no podría traer a las nenas a Argentina si no tenía un permiso del menor con mi firma, hecho en Paraguay, o sea yo tendría que ir primero. Además de que tendríamos que viajar en avión, asunto muy costoso en esas fechas, solo  podría tomar un vuelo cuando estuviera segura de que Lucas ya no vomitaba más y tenía muy poco tiempo, para tramitar el papel. Y eso sin pensar en los pasajes de las nenas y mi esposo. Los costos eran exorbitantes. Pero igual le pedí a Dios eso.  Yo no oraba por el dinero solo por el objetivo: ver a mis hijas 15 días, en enero. El lunes 24 de diciembre me llaman de Paraguay, los administradores del trabajo de mi esposo. No entendí si me ofrecían un préstamo o era un regalo, solo sé que me preguntaron -¿querés venir?- -¿Lucas puede venir? Porque es muy caro y podemos enviarte le dinero del costo de los pasajes para seguir sosteniéndote allí, vos decidís. Allí estaba en la balanza mi necesidad, o creer que Dios estaba respondiendo mi oración. Si me quedaba y aceptaba el dinero,no habría posibilidades de ver a mis nenas, aunque no tenía el dinero para que ellas viajen después. Empecé a funcionar en pos de mi respuesta. Les dije, -quiero ir-. Me dijeron apúrate y anda a Ezeiza tu avión sale a las 2, eran las 10, tenía los segundos contados. Ezeiza es bastante lejos de La Boca, si uno tiene que ir en bus, y yo no tenía dinero y era 24 de diciembre, tuve que ir hasta la calle Florida para retirar dinero que me enviaban para las tasas y en bus, y llegar a Ezeiza. Solo tomé mi cartera y una pequeña mochila de Lucas con juguetes, no llevamos ropa. Fue el viaje más feliz de mi vida, el más emocionante. Ni mis nenas ni mis suegros sabían que esa tarde llegaríamos a Asunción. Pasamos la noche buena con la familia, y después del feriado solo me quedaba un día para hacer el papeleo, y después volver. El jueves volamos, otra vez, habíamos visto a nuestra familia tres días. Parte del milagro ya estaba hecho, pero cual sería mi sorpresa cuando en el avión de vuelta, Dios terminaría de completar todo mi pedido, pero se los cuento la próxima.

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