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Bitácora de un viaje al pasado

Cuando uno se va de vacaciones, no quiere volver. Los días son cortos. Y el resto del año uno extraña esa libertad y esos días. Y muchos trabajan todo el año pensando en esos 15 o 20 días.
En este caso fue al revés. Volver acá fue como volver atrás el tiempo. Esos días en lo que mi único pensamiento era el día feliz en el que volvería a mi casa. Hacia un año que no pisaba la fundación. Ya empezaba a olvidarme de lo que se sentía. Aunque Lucas ya no está enfermo, basto con ver a las otras mamas, y escuchar otras historias cuyos presentes son mi pasado. Y en las que el miedo me susurro….-también podría ser tu futuro-.
Si hay algo horroroso que podría pasar eso es volver acá. Estar en la fundación es como estar en la casa ajena. Todo lo que uno hace esta mal. No es la casa de uno. Una de las limpiadoras tiene por costumbre golpear la puerta de la habitación si pilla que uno descansa. Y como ve que a veces las mamas parecemos inactivas, ella cree que una es haragana, así que te manda a hacer algo. Una vez me dijo que algunas personas no se van más de la fundación porque acá están mejor que en sus casas. No comprende el horror que significa estar acá. Ella acá trabaja, viene limpia cobra un sueldo. Cocina. Cualquiera de nosotros quisiera haber conocido la fundación así. Pero no creo que vaya a entenderlo nunca y espero que no lo haga. Para entenderlo debería pasar por esto y no se lo deseo. Es mejor morir ignorante del sufrimiento de los demás. Una mama que se paso la mañana o el día entero escuchando como un enfermero le decía maricon a tu nene de siete años porque llora por los pinchazos cinco veces para encontrar la maldita vena que refluye, y después aguantar horas de quimio, vómitos y dolores de Hijo no llega con ganas de repasar el piso. Es más nos importan tres bledos el piso limpio. Es ahora cuando vuelvo a darle un valor extra al ropero sin remedio de mi princesa adolescente. Últimamente me estaba poniendo pesada con esa ratonera. Hago mea culpa, ya no le voy a dar bolilla. Tengo muchas razones para estar agradecida y sonriente antes de convertirme en la policía de la casa e intentar mantener el orden….
Todo eso se arregla, pero las otras luchas no se arreglan así nomas. Es como los monstruos de Job, el cocodrilo y el hipopótamo. Cuando Dios se puso a ‘discutir ‘con Job, y le dijo si él podría atajar a estas bestias. Y no, no se puede. Así es con la enfermedad, no se puede, o puede Dios o no puede nadie. Y solo hay una forma de superar eso. Es viviendo cada día rendido a la soberanía de Dios. Dios da y Dos quita. Aunque algunos hoy promuevan aun dios falso que solo da. Es cierto el no planeo el mundo así. El creo el paraíso y nosotros desobedecimos, por ende el nos lo quito. Pero no termino allí. El también nos dio la salida. El dijo: Yo soy el Camino la Verdad y la Vida. Cada vida es un paraíso devenido en mundo destrozado con la posibilidad del cambio. ¿Existe alguna forma de sobrevivir a esto? Si existe, es viviendo en la plena certidumbre de que Dios lo tiene todo bajo control, aunque sea difícil entenderlo. Más difícil es luchar solo contra un cocodrilo.

Martes, 31 de agosto de 2010, FATH

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