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La odisea paraguaya en busca de la salud gratuita en la Argentina

Desde el 2009 escribo mi historia en este blog, y este informe que nos relata Sandra Ramirez del diario ABC, resume todo desde el punto de vista de una enfermera paraguaya que vive allá. No dejen de leer esta nota. Es mi lucha y mi grito de auxilio desde hace tiempo por muchos niños que sufren carencias, desarraigo y dolor por falta de salud en su país natal. Yo lo vivo. 



Nació en nuestro país hace 58 años, 25 de ellos ha dedicado su vida al hospital “Juan Pedro Garrahan” de Buenos Aires. De raíces paraguayas, Marisa –como todos la conocen- se crió en Argentina, es viuda y tiene dos hijos. Su acento porteño la deja en evidencia, pero su guaraní está intacto.

Su padre falleció hace pocos meses y su madre hace unos treinta años. Solo el cariño a la patria y la tenaz voluntad de ayudar a los compatriotas la unen a su tierra natal. Sus pequeños pacientes, forman parte de su ser. Hablar de ellos la conmueve y dibuja -al mismo tiempo- en su rostro una sonrisa cargada de satisfacción.

“Les digo: ‘neporã ndemita'i.  Rohayhu’ y ahí ya entran en confianza. Sé de las necesidades de nuestra gente. Somos únicos nosotros los paraguayos. Un carisma especial tenemos los paraguayos. Toda la vida he hecho pediatría. Eso hace que yo ame demasiado, siento que pertenezco a este país por más de que yo no crecía acá y el otro país me haya dado todo. Yo digo que por mi sangre fluye la sangre guaraní y en mi corazón, la bandera roja, blanca y azul. Eso hace que trabaje para ellos”, relata la licenciada María Isabel Valiente al recordar a los niños compatriotas, asistidos en el Garrahan. 

PARAGUAYOS EN UN HOSPITAL EXTRANJERO 
Al menos unos siete paraguayos, de entre dos meses y 15 años de  edad, y con diferentes patologías ingresan al centro asistencial bonaerense diariamente.

“En el hospital hay 680 camas y hay al menos 60 pacientes paraguayos internados. Es decir, el diez por ciento de la capacidad total. Y mi compañera me dice: ‘Che Marisa, tengo seis pacientes y los seis son paraguayos y hablan en su idioma. Y ya no sé si estoy en mi Argentina, en mi hospital o si estoy en otro hospital trabajando’. Y yo le digo: ‘dejale’”,refiere sonriendo.

Los compatriotas abandonan Paraguay con un solo objetivo: la atención médica gratuita.“Todos los chicos tienen atención por más de que sean paraguayos. Sí tenemos que tramitarle el documento precario, con eso ellos tienen acceso a los medicamentos, a las consultas a las cirugías, a los estudios”, acota. Ese papel implica que realicen trámites tanto en el Consulado como en Migraciones, y tiene una validez de 90 días. Sin embargo, ese lapso de tiempo a veces es insuficiente para el periodo de tratamiento y/o trasplante. En ese caso, se puede conseguir un documento argentino en estatus de extranjero.

Nunca ha sido ameno para un niño estar a 1.800 kilómetros de casa. Optar por la salud en el extranjero trae consigo un sin número de dificultades. En este punto, Marisa no olvida que la esencia de todo paraguayo está en el apego a los seres queridos. Por eso, no oculta su preocupación porque la salud de los pequeños pacientes obliga –necesaria y desafortunadamente- a romper los lazos familiares.

“Los niños padecen muchísimo el desarraigo, es muy feo para ellos. Le sacás su entorno, su familia, porque nunca van papá y mamá, va papá o va mamá. Después de los trasplantes que es muy traumático, uno intenta reintegrarlo a la sociedad porque el Gobierno paraguayo no se hace cargo de los medicamentos de esos chicos por sobre todo los trasplantados”,explica la Licenciada.

En un momento, su fortaleza se quiebra y su sensibilidad da lugar a las lágrimas. Los primeros recuerdos de casos fatales inundan su mente. “Creo que lo más triste es que, cuando fallecen no tenemos como traerles a nuestros niños, porque no hay ambulancia, no hay presupuesto, porque la familia no tiene dinero y a veces hasta 40 días están en la heladera los chicos, hasta que consigamos la solidaridad de nuestra gente, hacemos lo que decimos ‘la vaquita’ para conseguir el dinero para poder traerlos. Los padres, luchan. Creo que esa parte es la más dolorosa porque no están los dos juntos. Está uno solo. El que estuvo allá vio la cara de su hijo. Y el que está acá y lo encuentra en el cajón y ya no se puede abrir ese cajón”, señala.

Se muestra indignada ante la burocracia y la falta de recursos, especialmente  para la repatriación de los cuerpos. “Se tienen que cambiar algunas cosas. No sabés si el paciente se te va a morir o no y la familia que está acá tiene que iniciar el trámite. Si se muere viernes, tenés toda una semana para hacer los trámites. El dolor de esos padres. (…) Se necesita una ambulancia para el Consulado, para trasladar a los pacientes. Lo de Repatriados es mucho trámite. Necesitamos que la ministra –Esperanza Martínez- se involucre más en las actividades”, menciona. 

Comentarios

Carola y Paula dijo…
Eldita: siempre me hacés recordar algún momento y me hacés ver ciertas similitudes, el 11 de enero cumplo años, el mismo día en que en el 2007 nos dijeron que Joaco tenía un tumor cerca de un riñón. A partir de allí, cuesta arriba. Yo tengo cumples, pero los feliz cumples los dejo para quienes lucharon al lado mío sin bajar los brazos.
Te mando un beso re grande
Caro

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