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Olvida el desierto, pero nunca la columna de fuego


Hay días como hoy en los que yo misma debería leer mi blog.
Ileana, mi mejor amiga a la distancia, cuando le digo que estoy desanimada o "depre", me suele decir a modo de chiste-ironía: "te va hacer bien leer el blog de una amiga cuyo hijo tuvo cáncer".
Hablando de amigas, ayer por primera vez me reuní con una nueva amiga. 

Si bien Ana, me conocía de manera virtual, y desde hace una edición escribo para su revista Pekelandia, no tenía el privilegio de conocerla personalmente.
Merendamos juntas en mi casa, un café sencillo pero muy grato, porque ambas necesitábamos ese tiempo (sin hijos gritando) para hablar. 
Mientras le contaba algunos detalles de mi odisea por dentro me preguntaba si era yo la que había pasado por todo eso. 
Me sorprendí de la celeridad con la que pierdo consciencia de todo lo que Dios hizo. Hay gente que dice que es mejor olvidarse rápido de lo que te causó un gran sufrimiento, pero olvidar el desierto no es el problema, mientras no olvidemos la nube, la columna de fuego, el agua de la roca y sobre todo Aquel que las hace funcionar. 
Sin duda los desiertos de la vida siempre están, de alguna u otra manera, y las nubes y columnas de fuego también. (Estoy hablado del pasaje bíblico donde Moisés guía al pueblo de Dios por el desierto, si no lo leyeron lo habrán visto en alguna película de semana santa en su infancia al menos).



Lucas no solo sobrevivió al cáncer, sino que además yo sigo recibiendo regalos de Dios (por ejemplo, los vuelos para viajar a sus controles, todos pagados por una persona anónima, de por vida). El premio al mejor blog del Paraguay, el apoyo solidario de mucha gente cuando pido ayuda para otros enfermos. Por darles algunos ejemplos y recordármelos a mí misma.
No tengo una fórmula ni el celular de Dios, pero que me contesta, me contesta. La fe, no se puede explicar, solo se vive individualmente y comienza cuando uno decide creer en Jesús. 
También mi matrimonio sobrevivió al cáncer, mi psiquis, mis otros hijos y muchas cosas mas. Quedamos con algunas “magulladuras” como diría mi madre, pero podemos contar la historia y además comprender a otras personas que están en parecidas situaciones. 
Y si me desanimo es solo porque olvido lo impresionante que es Dios cuando lo necesito. 

A lo que quería llegar es que estoy leyendo un libro. Dios es visible, es la historia de un doctor alemán que junto a su esposa, levantaron un hospital misionero en Perú. No fue nada fácil, pero lo lograron. 
Entre los párrafos de sus emocionantes páginas hay innumerables situaciones que se resolvieron “al estilo de Dios”.  Así como Lucas viaja en avión sin que nuestras entradas económicas muchas veces no alcancen ni para hacer ese viaje en bus, bueno así. Dios provee. Dios pone en el camino a la gente que te va ayudar, Dios abre las puertas que parecen inaccesibles. Conocer el trabajo de doctor Klaus-Dieter John, sin duda me hizo delirar aún más con la idea de tener un hospital aquí en Paraguay, donde todos los niños paraguayos con cáncer, puedan atenderse de manera gratuita sin tener que salir del país, alejarse de sus familias y perder su cultura. Ya que como sabemos muchos hasta cambian su nacionalidad para poder seguir sus tratamientos de manera gratuita, porque acá no hay medios. Mientras sigo leyendo mi libro, les cuento que el viene de visita al Paraguay con el objetivo de llevar doctores voluntarios a trabajar en su hospital Diospi Suyana.  
Espero que todas las personas interesadas puedan escucharlo y asistir a sus charlas y por mi parte aprovechar la oportunidad de tenerlo cerca para absorber un poco de su osadía, su fe y su logística para poder seguir soñando despierta con ese anhelo de tener algo así en Asunción.
Mi recomendación de hoy, lean el libro es muy motivador. 
Y visiten la página del Hospital. 




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