Dos caras de una misma moneda

Hace mas de un año mi hija cumplía 15. En las primeras entradas de este blog escribía sobre ella, sobre la madurez y el amor con el que protegió a mi otra hija que por esas épocas era un bebé.
Ella tenía diez años, la bebé 11 meses, y la otra 4 años.
Con su corta edad se convirtió en la protección que ellas necesitaban, ante el repentino abandono, ella fue la mamá emocional de sus hermanitas. Se las arregló sola con el colegio, y además se ocupó del bebé que no dormía sin ella, tampoco comía de otra persona, llámese abuela o lo que sea.
Les llevó mas de una semana lograr que la pequeñita tomara la mamadera de otra mano.

Los que tuvieron hermanos o hijos con cáncer saben perfectamente a lo que me refiero. 
Saben que esta situación se prolongó por años. Saben que fueron relegados a un segundo plano porque el enfermo necesitaba toda la atención, todas las fuerzas y todo el dinero de la familia.
Saben lo que significa ser "el hermano de" y saben lo que sus padres sufren por eso, sin poderlo remediar. 

Hace un año me invadió en el alma la necesidad de que ella tuviera una fiesta de 15 años. 
Pero no tenia los recursos. Solamente le dije a Dios que quería que ella supiera lo mucho que la queríamos y que haríamos lo mismo por ella que por su hermano, no solo para que este viva, si no ademas para que sea feliz. 
Y Dios me escuchó. Lorena una gran amiga, organizó a fiesta de 15 años mas linda del mundo.
Sencilla, emotiva. 
Dios hizo que todo sea perfecto. 

Pero hace unos días recordé que hubo dos personas que me demostraron las dos caras de la moneda.
Lo que algunos perciben no siempre es lindo. 
Cuando una amiga mía comentaba que estaban colaborando con varios amigos para regalarle la fiesta a Anita, la persona en cuestión dijo que yo (si yo) utilizaba la enfermedad de mi hijo para sacar provecho económico de eso. 
Por otro lado, Lorena les comentó la situación a unos desconocidos. 
Un matrimonio que no me conocía, no sabia de mi historia, nunca vieron a Lucas. Nunca. 
Pero ellos al escuchar el porqué de mi deseo, no dudaron en apoyarla. 
Ellos sin conocernos, ni conocer remotamente a Ana, le regalaron la ropa para hacer la sesión de fotografías y cuadros enmarcados después de a fiesta. 
¿Algo tan superficial como la ropa de una adolescente para una sesión de fotos?
¿Que fue lo que movió a este matrimonio a entender mi anhelo, sin siquiera escuchar o leer sobre mi? 
Un día los conocí. Bastante tiempo después.
Carlos me contó su experiencia.
Me dijo algo parecido a esto: 
"Durante mi infancia nadie sabia si yo iba al colegio, tenia ropa o comía, lo único que recuerdo es a mi papá y a mi mamá con mi hermana en sus brazos.
Perdimos todo, teníamos recursos, casa, pero mis padres lo vendieron todo para salvar a mi hermana.
En esa época no se los llevaba a Argentina, había que llevarlos a EEUU, mi hermana tenia leucemia. 
Fueron años. Nadie sabia como yo crecía. Pero si a mi hermana le dolía la cabeza todos temblaban. 
Yo viví lo que vivió Anita, y hubiera querido que mis padres me honraran como vos a ella, por eso sin dudar haría lo que sea para verla feliz".   
Carlos y Aída ahora son mis amigos, los quiero mucho. 
La otra persona no sabia, por eso habló así. Pero Dios puso a muchos otros que si entendían.
Comparto eso con ustedes porque creo que muchas veces juzgamos sin saber. 
Intentaré con mi vida honrar a mis otras hijas porque se lo merecen.
Aunque tal vez nunca deje de temblar cuando Lucas tenga dolor de cabeza.


Ah, mañana es el día del blog, están invitados. 
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