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Una amiga

Este febrero pasado me lancé a una odisea.
Quise ayudar a otras familias que como nosotros viajaban a Buenos Aires por control de algún cáncer infantil vigente o pasado. Esos viajes caros, y para nada divertidos al hospital.
Pedí a Carros Vía Chile una donación de cien remeras y la dueña, Estela me dijo, mejor mil.
Y bueh, me tiré a vender mil remeras. La verdad se vendieron pocas, solo para pagar algunos pasajes. Tengo en mi depósito del fondo un montón mas, que por cuestiones de medidas y tiempo no se pudieron vender.
Pero esa semana fue de locos para mi. Estuve en la Tv en varios programas, entrevistas, entregar remeras, retirarlas, cobrarlas. No fue para nada fácil. Invertí mucho de mi tiempo.
Descubrí que cuando alguien da su tiempo como voluntario, alguien paga: la familia.
Dejé de moverme porque sinceramente llegue al agotamiento físico y mental.
A medida que se vendían las remeras y no encontraba los talles y mandaba a hacer mas y el pedido nunca llegaba, iban sumándose personas con mas necesidades. Me quedaba sin saldo tratando de contestar todo tipo de consultas.
Algunos se sumaron no solo con pasajes tambien la gente me pedía auxilio psicológico, espiritual, me pedían trabajo y hasta víveres.
Al cáncer se sumaba la pobreza, la desidia del estado, el abandono de las parejas, la falta de seguros médicos, de trabajo, las iglesias que no saben como tratar el tema, etc, etc.
A medida que mi número del teléfono se hacia público para ofrecer las remeras, mas gente me llamaba pidiendo ayuda.

Quise recrearles con palabras el loquero que fue mi vida porque necesitaba que se imaginen la situación en la que me encontraba cuando lo que sigue sucedió.
Era un día que tenia que estar en dos programas de TV, uno a las 8 y el otro a las 11 de la mañana.
Me levanté muy temprano, vino la peluquera me peinó y salí como el rayo.
El maquillaje de Canal 2 me vino al pelo para el programa de CFA Comunicaciones, estaba intacto a las 11:30 ya que todo se atrasó. Alguien me llamó a las 12, tenia que llevar remeras ya no recuerdo a donde mas.
La señora Estela me había prestado un auto porque de otra manera todo esto hubiera sido imposible. 

Eran como la 13:00 cuando me doy cuenta que olvidé que mis hijos comen.
Tanto hacer por los demás y me había olvidado de lo mas importante, no les dejé ni plata ni nada para comer.
Pero por eso recuerdo hoy, el día del amigo este episodio de mi vida.
Porque cuando llegué y les dije vamos a comprar algo para comer me dijeron, no tenemos hambre.
Vino la profe Gaby y nos preguntó que comimos. Le respondimos nada, mamá no nos dejo nada.
Dice mi hija, "la profe saludó y se fue para volver a los diez minutos con una bolsa de empanadas, me las puso en la mano y se fue"
Esos son amigos. Si yo no tuviera tan buenos amigos, creo que no hubiera tenido material para este blog.

Gracias Gabriela Pereira! Quien hace algo por mis hijos tendrá un lugar aparte en el pedestal de mi vida. 
Feliz día amigos! 

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