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Exposición de mis cuadros en el Palacio de Justicia

Estoy en el Palacio de Justicia. Vine a exponer mis cuadros. Es muy raro todo lo que pasa acá.
Los primeros en acercarse fueron los niños lustrabotas. Perdón, ellos no se acercaron, yo ocupé  sus lugares. Ellos se sientan acá. Ellos trabajan acá. “Niños”, “trabajo”, “Palacio de Justicia”  algo anda mal, es que esas palabras juntas no tienen sentido.  No tardaron en reconocerse, en uno de mis cuadros están dos de ellos. No sé a quién pinté. Solo fotografié una escena, una composición, y ahí estaban en mis fotos. No fue mi intención hacer retratos. Solo manché  las caras y salió lo que salió. 
“Ese es Lucas” me dijeron. ¿Lucas? Pinté a un Lucas lustrabotas sin saberlo.  

La gente pasa, mira los cuadros, las mujeres desean mis flores, tal vez las imaginan en sus salas, en sus dormitorios, preguntan precios y se van. Los hombres se quedan, sacan fotos a los niños lustrabotas (los míos, los dibujados; los reales están a mi lado conversando, lustrando zapatos) y me cuentan sus percepciones de lo que ven en mis cuadros.
-La felicito señora usted ha tomado la escena humana del palacio, la de la dignidad. Lo que es lindo,  la frutera, los niños. Porque acá adentro si tuviera que pintar algo seria un pozo negro, podrido. Yo trabajo acá hace muchos, muchos años-  me comenta un  señor de edad, notablemente admirado con mis dibujos. Me interrumpe una señora ¿Cuánto sale? ¿Hace cuotas? Sigue pasando la gente, indiferente a la suerte de mis nuevos amiguitos. Les conté que el perro del cuadro era mi Darky. Alguien pregunta un precio. ¡¿Un millón?! Repite un lustrabotas asombrado.
Si ellos pintaran y vendieran ganarían más dinero que lustrando botas…. Y se me vinieron cientos de ideas. Ya ustedes se imaginaran.
Un abogado me dice que es su materia pendiente en la vida. ¿Enseña? ¿Por cuánto? El miércoles empiezo a pintar con usted. Mientras suena el arpa de Los Ribereños Paraguayos,  un grupo musical que está tocando en vivo en la plaza mientras dos o tres mesas con señoras adornan el lugar que quiere forzar a una primavera allí adentro donde el sol no llega. Las plantitas reales y mis cuadros no pueden hacer salir el sol en el castillo de frío mármol que refugia tanta tristeza entre juicios, disputas y corrupción…es como si la justicia se escondiera.   
-Donde estudiaste, son tan reales tus cuadros…- me pregunta una señora.  (Se gana autoestima acá) –En Bellas Artes, le contesto-   
Toda esta gente hace alharacas de su capacidad de indiferencia. 
No dejaría por nada del mundo que uno de ellos lustre mis zapatos.  
Eran como 10 niños, todos tenían la cara de mi hijo, lo imaginé en cada uno de ellos.
-¿Vas a la escuela?- le pregunté a uno de aproximadamente 8 años 
-Si, a la tarde, acá en San Antonio-


Justicia donde te metiste, porque en tu palacio, no estás. 
Feliz primavera. 

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