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El carnet de madre

Ese día que me enteré que estaba embarazada, se me llenó el cerebro de preguntas. No entendía que parte de mi vida iba a cambiar, pero ya sabía que alguien ocupaba toda mi atención. No era para menos, mi cuerpo ya no era solo mío. Ya no podía tomar algunos medicamentos, no debía alzar cosas pesadas, etc. Todo por cuidar la existencia de esa otra persona que habitaba en mi.
Pasaron los meses y ya no era posible agacharme, oler ciertas cosas, y comer otras. Mas adelante tuve que dejar de dormir hacia un lado, y me tenía que levantar ochenta veces a hacer pis a la noche porque mi vejiga compartía su espacio con ella.  Los últimos días no podia respirar.
Esa barriga ocupaba toda mi existencia, toda mi espectativa, todas mis dudas, toda mi emoción.
Cuando nació, sentí lo que nunca antes había sentido por un ser vivo. Estar enamorado no es nada comparado a eso. Ahora me levantaba a mirar si respiraba, en vez de dormir.
Poco y nada me importaba mi cuerpo, de él solo esperaba que tenga leche suficiente y fuerzas para alzar upa. El mundo giraba al rededor de un astro llamado Anita. Recibí mil consejos de como criarla, mil preguntas de cómo, cuándo y qué. Cada día amanecía cuando ella se despertaba, y terminaba cuando ella se dormía. Si dormía la siesta, ese era tiempo de salir o hacer otra cosa.
Entrar al baño con la puerta abierta si estaba en la cuna, y con ella cuando empezó a caminar.
Ir a fiestas, al super a la iglesia al shopping todo dependía del frio, del calor,  de su estado de salud o de sus cólicos. Y así crecimos. Le enseñe a hablar, a escribir, descubrí que era zurda. Le enseñé los colores.  Decidí estudiar solo si ella podía quedarse con su abuela, mi mamá. Y esa vida dependiente de sus sonrisas o llantos, se unió a las sonrisas y llantos de Lucas y así de mis cuatro hijos.

Absolutamente todos mis actos estaban calculados por el giro de sus vidas. Toda mi agenda.
Por amor, no por esclavitud, extraña cosa que nos hacen sentir los hijos.
Y una piensa que eso va durar toda la vida.

Hace dos semanas Anita viajó a Alemania. Se lo ganó, yo le enseñé español, pero ella aprendió inglés, portugués, alemán...

Se fue a estudiar. Cuando me contó a principios del 2014 que existía la posibilidad de una beca para ir a Europa a estudiar  y  que la condicion era aprender un idioma del que no tenía la menor idea...yo ya sabía que ella se iba ir. La conozco porque yo conozco su respiración.
La canción que mas repitió este año fue Océanos, ella sola se profetizó que se iba ir muy lejos, más allá de lo soñado. Cruzando el mar. Se cumplió.
Y yo sé que esto recién empieza. Alguien por ahi me dijo que no debia dejarla ir, que es chica.
La conozco. Confío en ella y en Aquel que ha cuidado a mis hijos siempre.
Quien pudo sanar el cáncer, podrá cuidar un avión o poner ángeles para que la cuiden ¿no?
Hace unos días le dije que me preocupé.
Me dijo "pero ma solamente pasó un día"

Me olvidé que ya no debo controlar si respira.
Hace unos dias pensé que el whatsaap me iba traer el mensaje...te extraño quiero volver...cuando leí "ma la universidad cuesta tanto, ¿vamos a poder?" lo que sospeché...quiere estudiar ahí. Despues me dijo que nos extraña a todos.
Y eso era lo que soñé para ella. No pensé que iba llegar tan rápido.
El carnet de madre tenia fecha de vencimiento.
Bueno el amor de madre no, pero el trabajo de madre sí.
Dedicado a Baby (Estela Molina) mi compañera del cole que en mi mente permanece con 17 años. Pero ella y yo ya somos de las que estan empezando a darse cuenta que el carnet va venciendo.







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