Ir al contenido principal

Que tu navidad sea feliz

Hace unos días encontré en un disco duro unos archivos de fotos y vídeos. Esos vídeos que uno hace hasta por equivocación a veces, y después no los mira nunca. Me transporté y volví al pasado, a ese pasado al que no quiero regresar.  Fue sin duda el peor fin de año de mi vida. El vídeo no es lindo, era mi hijo triste, yo le preguntaba que quería y el me pedía volver a Asunción, él estaba hinchado, dolorido y sobre todo, lejos. 1800 kilómetros nos separaban de nuestra casa, pero el tratamiento tenía que continuar, no podíamos volver. Lo que nos separaba de lo que él quería en realidad era el cáncer. Esa navidad la pasamos con la familia, casi escapándonos y por un gesto de amor de quienes nos donaron los vuelos, estuvimos en casa. Pero solo fueron tres días, no teníamos más que ese tiempo de luz para estar lejos del hospital. Tres días para mirar los ojos de los que amaba y volver. Año nuevo lo vivimos en el barrio de La Boca con las personas que al igual que nosotros vivían en el albergue. Después llegó el día de reyes y luego mi cumpleaños. ¿Feliz? El ocho de enero la quimio dejó de ser ambulatoria para pasar a hacerla internado. Solos, él y yo, a pasar esa semana difícil de la cual salieron esos segundos que quedaron grabados en un vídeo de baja resolución, pero de alta carga emocional, suficiente para recordarme todo lo que viví.
No había certeza de nada,  sabía que faltaban meses. Sonrío de solo acordarme que ni siquiera tenía la seguridad de contar con los recursos económicos para seguir con el tratamiento.
La sonrisa y la alegría estaban basadas solamente en una esperanza. En una promesa. En la seguridad de la existencia de alguien que no puedo ver. En sus promesas escritas en un libro viejo, que tiene mensajes claros para los que creen pero borrosos o vacíos para que los que dudan. Nada en esta tierra me daba seguridad, nada. Todo lo que me daba alegría era intangible. “Vamos a volver pronto” y  “te vas a curar” eran mis frases.

Cada uno se llena con lo que dice
    y se sacia con lo que habla.
En la lengua hay poder de vida y muerte;
    quienes la aman comerán de su fruto.
Proverbios 18:20 y 21 
(La Biblia)

 Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Romanos 10:10 
(La Biblia)

Era la única manera de ser feliz, creer que algo bueno va a pasar. 

Sucedió así como dicen estos textos bíblicos. El dolor pasó, la enfermedad se fue, mis palabras se hicieron reales. Mi único motivo de ser feliz es tan real que hoy si pudiera volver me diría a mí misma ¡se feliz, más feliz porque pronto todo esto va ser un recuerdo! Dios ya te dió lo que pedias.  
Eso nomas quería recordarte, créelo que va pasar, y pronto todo lo que estás viviendo va ser un recuerdo. Pero créelo, decilo fuerte y claro y festéjalo desde hoy. 

Es un dictamen divino: que tengas una feliz navidad y que creas en tu próspero año nuevo. 



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Sufrir

Hoy en CFA Radio hablé del proceso que pasamos cuando Lucas se enfermó de cáncer.
Es muy fácil juzgar con liviandad el sufrimiento. El padecimiento no tiene una explicación lógica como muchos otros misterios de la vida no lo tienen. Sabemos que Dios quiere que estemos siempre bien, y lo dice en innumerables versos, también sabemos que la Biblia es un todo que no funciona “por partes” (texto sin contexto= pretexto) Hemos de enfrentar situaciones dolorosas las entendamos o no. Tarde o temprano vamos a exponernos en mayor o menor medida a alguna circunstancia complicada, difícil y hasta irreparable. El asunto crucial no es tener la salida del problema, el punto es como lo vivimos. Si Dios permite o no el sufrimiento en nuestras vidas creo que no es nuestro negocio averiguarlo. Con más razón todavía si hablamos de enfrentar la pérdida irremediable. Lázaro resucitó, con el propósito de mostrarel poder de Jesús pero algún día, mes o año posterior a  ese impresionante suceso se murió, ni lo d…

Soy experta

Hoy estaba en el supermercado seleccionando verduras y en ese contexto llegó este post a mi cabeza. Repollo, tomates a diez mil guaraníes el kilo, olores y colores, ese fue el detonante inspirador.  Todo comenzó cuando estiré del rollo ese de donde se desprenden las bolsas de polietileno. La corté de un solo tiro. Eso no es fácil, son años. Después encontré papel higiénico de oferta, mientras calculaba los ingredientes que me faltaban y hacía las cuentas mentales para no comprar lo que estoy segura es más económico en otros comercios. Al salir de ahí fui a dos lugares más, un distribuidor de lácteos y otro supermercado. Casi todos los días hago eso, si no lo hago yo, envío a alguno de mis hijos teniendo en mi mente cada góndola y precio, cada vendedor callejero y sus horarios. Además, manejo los “metadatos” (información de la información) Y un diagrama de flujo mental que me dice en segundos las posibilidades de cambiar o no la característica del producto o no según presupuesto o exist…

No, no trabajo…

Hace unas semanas empecé a hacer usufructo de uno de los premios más importantes y más difíciles de usar que recibí. Estoy estudiando Ciencias de la Comunicación. Soy comunicadora autodidacta, pero no periodista con un titulo.   No me está siendo para nada fácil, y no hablo de estudiar, leer o entregar tareas. Y Precisamente este nuevo ambiente “Universitario” en el que me muevo y al que estoy volviendo después de unos años, me ha confrontado con esta pregunta perturbadora, que  desató este post. Cuando entablo una conversación con cualquier persona, sin importar edad, o condición, aparece como regla de cortesía la preguntita esa   ¿trabajas? Y…A ver 5:30 a 6:00  Levantarse y preparar 4 desayunos, y tres uniformes, a veces cuatro si uno considera la ropa del marido. (Cocinera, limpiadora, secretaria personal) 6:00 Mientras busco el libro perdido del día, o el zapato con vida propia que se escapo de la casa, o la toallita del jardín que salió de la mochila…escucho los relatos…